noviembre 12, 2012

El bosque de Aokigahara


El bosque de Aokigahara, conocido como El bosque de los suicidas, se encuentra en una de las bases del famoso monte Fuji, en Japón. Dicho bosque tiene una extensión de uans 3000 hectáreas.

Este cartel, cuya traducción dice: “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo”. Ha sido colocado con el fin de intentar persuadir de su intención a todos aquellos que se adentran en él.



Resulta que dicho bosque está, literalmente, lleno de cuerpos de suicidas [claro que yo también creo que es un lugar excelente donde liberarte del cuerpo de un asesinato] La gran mayoría, se han suicidado ahorcándose en las ramas de los árboles, si bien también están los que lo hacen con la ingesta de medicamentos. De momento, no he visto la imagen de ninguno que lo haya hecho con el conocido como suicidio honorable, atravesándose con una katana, pero estoy convencida de que debe haberlos.



En Japón, las familias de los suicidas deben hacerse cargo de pagar una indemnización, si el suicidio de su familiar a ocasionado algún percance. Por ejemplo, si uno se suicida tirándose a las vías del tresn, la familia debe pagar una indemnización a todos los viajeros por el retraso en los horarios que el suicidio haya podido ocasionarles, y también, indemnizar a la compañía ferroviaria. Como suicidarse en el bosque es gratis... pues así se ha llenado la cosa.

También hay que decir que por el tipo de pensamiento de la sociedad japonesa, el suicidio se ve como una muerte honorable. Por lo que a veces, incluso se ve fomentado para que el deshonor del sujeto no manche al resto de la familia.

Cada año, el gobierno realiza batidas para recuperar los cuerpos, si bien como podemos intuir, la extensión de dicho bosque es lo demasiado importante como para que muchos cuerpos no puedan ser encontrados.




Algunas veces, despistados excursionistas se adentran de él intentando bajar de la cima del monte Fuji, y como podemos estar imaginando, para aquél que no conozca de que va la cosa, acabar dentro de ese bosque, dando vueltas e intentando hallar una salida, mientras no dejan de aparecer en tu camino cuerpo colgados de las ramas, es algo que debe provocar un recuerdo difícil de olvidar.


El Monte Fuji – La Ciencia Ilumina la Naturaleza

La belleza natural del pico más alto de Japón atrae a innumerable gente a sus laderas. Pero el volcán también contiene el imponente poder de la naturaleza: podría entrar en erupción en cualquier momento. Entretanto, ofrece regalos de la naturaleza en forma de amplias cantidades de agua clara de manantiales situados en la parte baja de sus laderas, para el aprovechamiento de la naturaleza y de las ciudades y pueblos cercanos. Fuego y agua, dos caras de la misma montaña.


El monte Fuji, un volcán activo
Se cree que el archipiélago japonés descansa sobre los bordes de cinco placas tectónicas: la placa del Pacífico, la de Norteamérica (o placa Okhotsk, según algunos geólogos), la del mar de Filipinas, la Amur y la Nankai Micro. Esos gigantescos bloques se desplazan, chocan y se deslizan por debajo y por encima unos de otros, haciendo que Japón sea más proclive a los terremotos y a las erupciones volcánicas que casi ningún otro país.
El monte Fuji se ubica precisamente en el medio del archipiélago, casi directamente encima de donde se encuentran tres de las placas que hemos mencionado. Por eso ha entrado muchas veces a lo largo de la historia en erupciones violentas.
El Fuji que vemos hoy se desarrolló por encima de dos volcanes más antiguos. Hace unos 10.000 años, una de esas viejas montañas, el Ko Fuji Kazan (el “viejo volcán Fuji”, de unos 3.000 metros de altitud), comenzó a expulsar inmensas cantidades de lava en todas direcciones. Durante varios miles de años el Ko Fuji Kazan fue progresivamente tragado por su propia lava, junto con otro volcán aún más antiguo situado hacia el noreste, el Ko Mitake Kazan (el “pequeño volcán Mitake”). De aquel caos emergió lo que en lo fundamental es la forma de la montaña que ahora existe. Otras erupciones posteriores dieron los toques finales al hermoso cono que hoy en día podemos contemplar.
 La actividad volcánica no terminó ahí, desde luego. El periodo más reciente de actividad frecuente y violenta duró 300 años, a lo largo de los siglos IX, X y XI a.C. La mayor erupción registrada en la historia fue la Jogan del año 864. Las cantidades masivas de lava descargadas entonces se transformaron rápidamente en la base de la montaña por su cara norte. El resultado que hoy podemos contemplar son las extensas y boscosas tierras altas llamadas Aokigahara y numerosos lagos.
Vista de Aokigahara, bosque denso y antiguo que se extiende por una meseta de lava al noroeste de la montaña. La meseta tiene un área de unos 30 km2.



No se registró ninguna actividad importante desde el siglo XII hasta la mitad del XV, época en la que el volcán volvió a despertar. Más tarde, en 1707, la erupción Hoei abrió tres cráteres en la ladera sureste causando una destrucción tremenda en las aldeas y granjas cercanas. También envió inmensas nubes de cenizas volcánicas que cayeron en forma de lluvia sobre la gran ciudad de Edo (actual Tokio), a más de 100 km hacia el este.
El monte Fuji ha permanecido tranquilo en los últimos 300 años. Pero para un volcán cuya vida es de cientos de miles de años tres siglos no significan nada. Sería completamente normal que la montaña entrara en erupción de nuevo en cualquier momento. Después de todo, simplemente está dormida.


noviembre 09, 2012

La suerte grande y la suerte pequeña [Cuento Japonés]


Hace mucho, mucho tiempo, vivía un Tengu [duende de nariz larga] en el fondo de una montaña. Este era un adivino muy famoso.
Un día Mokube y Tarobe visitaron al Tengu para que adivinase sobre las vidas de sus hijos.
El Tengu les dijo: "Mokube, tu hijo tiene poca suerte. Tarobe, tu hija tiene mucha suerte."
Los hijos eran íntimos amigos.

Un día Mokube y Tarobe se encontraban trabajando cuando sus hijos trajeron unos oniguiri [bolas de arroz].
"¡Tenemos mucha hambre. Vamos a comer!", dijeron Mokube y Tarobe y los cuatro empezaron a comer inmediatamente.
Tarobe y su hija exclamaron: "¡Está muy rico!"
Mokube en cambio dijo: "¿Qué es esto? ¡el oniguiri tiene piedras!" y lo tiró.
El hijo de Mokube también hizo lo mismo.
Tarobe les dijo: "¡No! ¡Tirad sólo las piedras, no el oniguiri!" y él y su hija recogieron lo tirado.

Después de unos años el hijo de Mokube trabajaba mucho pero tenía muy poco dinero, mientras que la hija de Tarobe se había casado con un hombre muy rico. Ellos se encontraron después de mucho tiempo.
Ella al verlo trabajando tanto le dijo: "Voy a traerte unos oniguiri, por favor, espérame", y se marchó.
Ella pensó: "Mientras yo vivo con mucha comodidad, él vive en la pobreza. Quiero compartir mi buena suerte con él."
Ella cocinó siete oniguiri y metió monedas de oro en cada uno de ellos, monedas que había estado guardando.
El hijo de Mokube recibió dichos oniguiri y empezó a comerlos en la orilla del río.
Cuando comió un bocado sintió un "clic" y dijo: "¡Este oniguiri tiene piedras!" y lo tiró al río.
De igual forma tiró otros cinco.
En eso se preguntó: "¿Por qué hay piedras en los oniguiri?" y partió la última bola de arroz cocido que quedaba, al ver su interior exclamó: "¡No, no eran piedras, eran monedas de oro! ¡Dios mío! Después de todo tengo un poco de suerte."

En ese momento apareció el Tengu y le dijo: "El destino de una persona está establecido cuando nace pero depende de cada uno el cambiarlo. Tú podrás haber tenido poca suerte pero si no buscas mejorarla no lo lograrás. Tienes que darle importancia a todas las cosas, por más pequeñas que te parezcan."

El, desde entonces se esforzó mucho y logró la felicidad.